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BLOG: LA CASA SE MUEVE

André Ricard: «“El objeto es la huella del hombre»

André Ricard: «“El objeto es la huella del hombre»
06 / 08 / 2019

Cuando en la España de los años 50, aún no se sabía muy bien qué era “diseño industrial”, hubo dos nombres que dotaron al término de contenido físico y creativo y, casi sin pretenderlo, a la profesión en su conjunto. Ellos fueron Miguel Milá y André Ricard.

Sin ser arquitectos, o precisamente por ello, contribuyeron a que el diseño industrial adquiriese autonomía y no fuese sólo un complemento de los trabajos arquitectónicos.

Estos dos maestros del diseño han tenido una vida común y paralela, desde actuaciones diferentes, pero bajo un referente compartido: entender el diseño desde una óptica funcional de estética sencilla y artesanal, a partir de la geometría básica de las líneas en busca del confort y la “usabilidad.”

Ricard y Milá

Nacidos en Barcelona, entre 1929 y 1931, André Ricard y Miguel Milá pertenecen a la generación de diseñadores que se abrieron camino en la España de la posguerra, tiempos difíciles para una sociedad enfocada a solventar sus preocupaciones básicas como la alimentación, el trabajo o la vivienda. Una sociedad desinteresada y poco formada en temas estéticos y de vanguardia, que consideraban triviales y asuntos ajenos a su realidad diaria.

Precisamente la gran aportación de Milá y Ricard fue crear objetos cotidianos de gran belleza y funcionalidad, piezas de una modernidad atemporal, que se introdujeron sutilmente en la vida de todos los españoles.

Tatu: el icono pop de los 70 de André Ricard
“La idea de la lámpara Tatu surgió porque me gusta leer de noche en la cama y esto era una contrariedad, pues a mi mujer no. Había un problema por resolver. Viendo como en los aviones podía leer de noche gracias a un foco que iluminaba solo mi libro, mientras lo demás seguía en la penumbra, me dije: ¿Por qué no puede resolverse del mismo modo en casa? No era cuestión de poner un foco en el techo, busqué un sistema exento que permitiera direccionar un haz de luz. Este fue el punto de partida de la lámpara Tatu.” – André Ricard para Santa & Cole

Más de 300 objetos diseñados

André Ricard se ha distinguido no sólo por su prolífica producción, sino también por sus ensayos teóricos, en los que analiza el objetivo y el sentido del diseño moderno, su utilidad y métodos, a través de un prisma racionalista depurado, pero de formas libres y creativas.

Los años de la guerra los pasó en Francia, hacia cuya lengua y cultura siempre se ha sentido muy unido. Termina el bachillerato francés en Barcelona, y apenas cumplidos los veinte se va a Londres, donde absorbe todo lo que está sucediendo que vive una ebullición del diseño urbano. Vuelve a España para trabajar en la farmacéutica familiar, para la que también diseña algunos objetos curiosos, como una cuchara para jarabe infantil que no se vuelca.

En 1959 abre su propio estudio en Barcelona y realiza sus primeros diseños, como por ejemplo la lavadora «Jalitan». Foto: www.andrericard.com
En 1962, André Ricard diseñó para la empresa Porcelanas Bidasoa una vajilla completa que ocupa un lugar muy destacado tanto en la obra del autor como en la historia reciente del diseño catalán: la vajilla de porcelana blanca «Compact», integrada por ocho piezas: el plato llano, el plato hondo, el plato de postre, el bol con tapa y tres fuentes de tres tamaños diferentes. Las fuentes, de forma rectangular, están moduladas de forma que dos pequeñas caben en una mediana, y ésta en la más grande. Foto: www.andrericard.com
Las pinzas para el hielo Ricard 1964 actúan como el índice y el pulgar en su función de sujetar. Su particular forma, dotada de un sistema elemental e ingenioso, mejora las prestaciones de este objeto de uso cotidiano. Premio Delta de Oro 1964.
Ceniceros Copenhagen por André Ricard en 1966
Los ceniceros apilables creados por André Ricard el año 1966 se ha convertido en un clásico intemporal.
Frasco de «Agua de Lavanda» de André Ricard para Antonio Puig (1963/1968)
Antorcha olímpica
André Ricard fue el encargado del diseño de la antorcha olímpica, que fue un proceso largo y complejo que debía responder tanto a las necesidades técnicas como a las simbólicas del dispositivo. La antorcha de Barcelona ’92 tenía un diseño distinguible y diferente de las antorchas de las olimpiadas anteriores, sin buscar, sin embargo, una ruptura con la tradición. Era un objeto con calidad estética de formas contemporáneas y tenía que expresar lo que es Barcelona. Se otorgó direccionalidad al cuerpo de la antorcha, para tener más dinamismo y señalar su propio norte, Barcelona, y se diseñó el cabezal con forma de pebetero, para señalar el destino final de la llama. La antorcha remitía formas triangulares y cónicas como metáfora de las ánforas y la mediterraneidad y se hizo en aluminio cromado, no sólo por la ligereza del material sino también como color representativo de nuestra época. Finalmente tuvo una longitud de 66 cm y un peso de 1.2 kg. En la antorcha aparecían el emblema de los aros olímpicos, el logotipo de los Juegos de Barcelona ’92, el número ordinal de la Olimpiada, la ciudad y el año.

Desde lavadoras hasta la antorcha olímpica

A partir de los años sesenta, empieza una carrera fulminante, diseñando todo tipo de objetos para firmas de muy distinta naturaleza. Su primer encargo es una lavadora para la marca Jalitán y una pieza de vajilla, como la «Compact» (1962), para Porcelanas del Bidasoa. Luego vinieron muchos productos más, algunos de ellos, diseños sencillos y cotidianos, que causaron gran sensación, como los ceniceros Copenhaguen (1965).

Ha colaborado con multitud de empresas nacionales y extranjeras, y realizado trabajos de packaging de objetos que están asociados a nuestra vida más cotidiana. Es más que probable que alguna vez hayamos tomado café de algunas de sus cafeteras para Gaggia y hecho zumos en sus exprimidores para Moulinex. Pero si a alguna firma está unido el nombre de André Ricard es a Antonio Puig, para la que ha diseñado decenas de envases, entre ellos, el elegantemente simplificado note del «Agua de Lavanda». No podemos dejar de mencionar la realización de la Antorcha Olímpica para la Barcelona de 1992, donde también aportó diseños urbanos.

Premios

Al igual que su compañero y amigo, su vida está plagada de innumerables reconocimientos a su carrera: Premio Nacional de Diseño en 1987, junto con Milá; Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya, Caballero de las Artes y las Letras de Francia, Medalla de Oro al Mérito Artístico de la Ciudad de Barcelona, numerosos Premios Deltas de Oro y de Plata, etc.

Diseñador industrial, pero también escritor, ensayista, profesor, conferencista… Su frenética actividad no ha cesado en su afán por dar a conocer las bases del diseño útil y aplicable a lo cotidiano: “El objeto es la huella del hombre. Los utensilios son un testimonio de las aptitudes y anhelos de cada época y de cada cultura”.

A través de la entrevista que acompaña estas líneas, realizada por Barcelona Original Designs, nos acercamos a esta importante figura del diseño industrial español.

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