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Chillida Leku: nueva vida para el museo soñado por Eduardo Chillida

Chillida Leku: nueva vida para el museo soñado por Eduardo Chillida
16 / 08 / 2019

Chillida Leku, el museo al aire libre fundado en vida por Eduardo Chillida en el caserío Zabalaga, vuelve a cobrar vida después de casi diez años semiclausurado. Y lo hace con «Ecos», una amplia exposición retrospectiva que recorre toda la trayectoria del gran escultor donostiarra en la que se puede contemplar sus grandes obras tanto al aire libre (donde las piezas se mezclan con hayas, robles y magnolios) como en el interior del caserío.

Comisariada por Ignacio Chillida, la exposición reúne más de noventa piezas –obra en hierro, granito, alabastro, yeso, papel donde el relieve y el vacío cobran especial importancia y la tierra chamota–, trazando un completo recorrido que abarca desde finales de la década de los años 40 —unos años marcados por la figuración— hasta el final de su carrera, pasando por el descubrimiento del hierro como objeto de su trabajo y el desarrollo de su personalísimo lenguaje.

Las obras de esta primera muestra proceden no solo de la Sucesión de Eduardo Chillida, sino que también se incluyen piezas provenientes de préstamos de museos, instituciones y colecciones privadas que rara vez han sido expuestas anteriormente. Es el caso de las relevantes esculturas de hierro Deseoso (1954, procedente de Fundación La Caixa) y Del plano oscuro (1956, procedente de la Fundación ICO depósito Museo Reina Sofía), además de varias piezas destacadas como Hierros de temblor (1957), Yunque de sueños VII (1959) o Buscando la luz III (1997).

«Lotura XXXII» (nudo o unión, en euskera). Esta colosal escultura de acero de más de 64 toneladas de peso fue realizada en la forja industrial de Sidenor de Reinosa, Cantabria. 

Chillida Leku vuelve a renacer

Abierto por primera vez en al año 2000, dos años antes de la muerte del escultor vasco, en 2011 cerró sus puertas debido a la crisis económica y por la falta de un modelo de explotación a seguir. Aunque, en realidad, el museo nunca ha estado cerrado del todo, puesto que durante casi la mitad de sus 20 años de existencia se podía acceder a través de visitas restringidas bajo un sistema de cita previa.

La reapertura de Chillida Leku, desde el pasado mes de abril, ha sido posible gracias al acuerdo de la familia del escultor con la todo poderosa galería suiza Hauser & Wirth, que ha pasado a representar en todo el mundo parte del legado de Chillida. Bajo la dirección de Mireia Massagué (anterior directora del Gaudí Exhibition Center de Barcelona), el museo busca convertirse una vez más en el lugar de peregrinaje para descubrir el talento de un artista que hizo de la geometría, su deseo de hacer visible el espacio y los materiales de tradición industrial del País Vasco –como el acero, la madera y el hierro– sus señas de identidad.

«Arco de la libertad» (acero corten, 1993) ©Zabalaga Leku. San Sebastián, VEGAP, 2019. Sucesión de Eduardo Chillida y Hauser & Wirth. Foto: Mikel Chillida.

Actualización del museo

El arquitecto argentino Luis Laplace, conocido por sus trabajos de interiorismo y restauración respetuosa y sostenible, desarrollados en intenso vínculo con el arte, ha sido el encargado de dirigir el proceso de actualización del museo. Junto al arquitecto argentino, el arquitecto Jon Essery Chillida, nieto de Eduardo Chillida, y el paisajista holandés Piet Oudof han participado en el proceso de reacondicionamiento, tanto en las campas como en las distintas salas del caserío.

Sin grandes cambios en su esencia, la obra y el legado de Chillida, el museo ha apostado con fuerza por mejorar las infraestructuras y la experiencia de los usuarios. De esta manera, se han creado servicios de restauración –el Lurra Café liderado por el chef Fede Pacha–, se han renovado la tienda y sus productos, se facilita la compra de entradas por internet o se proporciona a los visitantes información sobre las obras a través de códigos QR gratuitos.

«Lo profundo es el aire». El título de esta pieza es un homenaje al poeta vallisoletano de la generación del 27 Jorge Guillén, de cuya obra «Cántico», el escultor extrajo el verso que dice «“Más allá, lo profundo es el aire”.
Eduardo Chillida posa dentro de ‘Buscando la luz I’ (1997). Esta obra de 22 toneladas está compuesta de tres láminas distintas de acero, totalmente asimétricas y unidas entre ellas por una serie de remaches. Foto: Stephan Erfurt.
«Peine del Viento XVII» (1990). Conocida en la familia como el ‘peine de la ama’ (madre en euskera) o el ‘peine de Pili’, esta escultura, de dos toneladas y medio de peso, es una pieza muy especial, ya que que el escultor la realizó a petición de su mujer, Pilar Belzunce. En total hay 24 peines del viento repartidos por el mundo. 

Una utopía hecha realidad

Eduardo Chillida (1924-2002) y su mujer Pilar Belzunce compraron en los años ochenta el caserío donde hizo realidad su gran sueño de mezclar arte, espacio y naturaleza con la creación de Chillida Leku: «Un día soñé una utopía: encontrar un espacio donde pudieran descansar mis esculturas y la gente caminara entre ellas como por un bosque”.

Tras quince años de trabajos de restauración y acondicionamiento del caserío Zabalaga, en las afueras de Hernani, a pocos kilómetros de San Sebastián, el escultor encontró el escenario idóneo para sus obras –un “lugar” (en euskera, leku)– donde las generaciones futuras pudieran conocer y experimentar su arte en un emplazamiento inigualable. El proyecto de rehabilitación fue llevado a cabo por el propio matrimonio en estrecha colaboración con el arquitecto vasco Joaquín Montero, que les ayudó a desarrollar esta visión sumamente personal del espacio expositivo.

Vista de la exposición «Ecos», donde varias esculturas se han colocado frente a las ventanas, potenciando los juegos de luz y reflejos, de masa y vacío. Se han creado además nuevos pedestales en yeso blanco y madera para sostener las piezas.
Detalle de la exposición inaugural, «Eduardo Chillida, Ecos», en las salas del caserío Zabalaga. Foto: Gonzalo Machado.

La elección por parte de Chillida de esta ubicación para el museo refleja la conexión que mantuvo durante toda su vida con la comunidad local, el paisaje y la arquitectura del País Vasco. El edificio histórico, una construcción tradicional vasca construida en el siglo XVI, está rodeado por 11 hectáreas de terreno a lo largo de las cuales pueden admirarse cerca de 40 esculturas originales del artista entre las que destacan Buscando la luz I (1997) o Lotura XXXII (1998) realizadas con acero corten, un material con fuertes resonancias del pasado industrial de la región. Mientras que en el interior del edificio pueden visitarse las obras de menor tamaño, dibujos o incluso sus primeras esculturas de torso.

En el nuevo Chillida Leku se han creado servicios de restauración –el Lurra Café liderado por el chef Fede Pacha–, se han renovado la tienda y sus productos, y se facilita la compra de entradas por internet.

Datos de interés:
Chillida Leku. Barrio Jauregui, 66, Hernani
Entrada anticipada: www.chillidaleku.com
Abierto todos los días excepto martes
Abril – Septiembre 10:00 / 20:00 h
Noviembre – Febrero 10:00 / 18:00 h
Octubre 10:00 / 19:00 h