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BLOG: LA CASA SE MUEVE

Florence Knoll, arquitecta y diseñadora de interiores

Florence Knoll, arquitecta y diseñadora de interiores
10 / 01 / 2020

«No soy decoradora, yo creo espacios» con esta declaración, realizada en una entrevista con el New York Times en 1964, reivindicaba su trabajo Florence Knoll, la arquitecta estadounidense considerada una de la figuras más influyentes en el desarrollo del diseño de interiores de la segunda mitad del siglo XX. Como arquitecta, diseñadora de interiores, diseñadora de muebles y propietaria de la compañía que lleva el nombre de su primer marido y colaborador cercano, hizo historia al transformar para siempre los hogares y las oficinas con muebles modernos, textiles exquisitos y espacios ordenados.

Florence Knoll murió hace ahora un año en su residencia de Coral Gables (Florida) a la edad de 101 años. Desde hacía décadas –en 1960 dejó el cargo como presidenta de Knoll Associates, aunque permaneció en la compañía como directora de diseño hasta 1965, cuando se retiró por completo– se presentaba como Florence Hood Basset, el apellido de su segundo marido. «No quería llamar la atención sobre su persona ni darse importancia», señala su amigo y biógrafo Paul Makovsky, editor jefe de la revista Contract Magazine.

Florence Knoll es una de las grandes responsables de la estética de lo que se conoce como ‘Mid-century modern’. Gracias a su talento como diseñadora contribuyó a crear una estética inconfundible, inmortalizada en el imaginario popular por series como ‘Mad Men’; y a través de su genio como empresaria, innovadora, y creadora de tendencias, revolucionó el mercado de producción de muebles, llegando a revolucionar la forma en que vivimos y trabajamos en el hogar y la oficina modernos. Y todo lo hizo siendo una mujer en un mundo regido por hombres. Esta es su historia.

Colección Florence Knoll Loungue de 1954, con patas y barras de metal en una ejecución vertical, casi arquitectónica, con claridad y precisión miesianas.

Estudios de arquitectura y diseño

Nacida como Florence Margaret Schust el 24 de mayo de 1917, en Saginaw, Michigan, fue conocida durante toda su vida por familiares y amigos como «Shu». Su ascenso a la cima del mundo del diseño comenzó con una tragedia cuando quedó huérfana a los 12 años. Afortunadamente su tutora la inscribió en 1932 en  Kingswood School, un internado para niñas que era parte de la comunidad educativa de Cranbrook, el legendario campus de arte, educación y museo cuyo arquitecto principal, el diseñador finlandés de renombre mundial Eliel Saarinen, también fue profesor y presidente.

Al notar su talento e interés y una aptitud temprana para la arquitectura y el diseño, Saarinen y su esposa, Loja, una diseñadora textil, tomaron a Shu bajo su protección. Con el tiempo, se hizo cercana a la familia Saarinen, en particular a su hijo Eero Saarinen, quien se convertiría en su amigo de por vida. Los Saarinen la invitaron a unirse a ellos en viajes a Europa y solía pasar los veranos en Finlandia con la familia. Completados sus estudios en la Escuela Kingswood, Eliel Saarinen la invitó a inscribirse en Cranbrook en 1934, donde disfrutó de la compañía de muchos de los grandes arquitectos y diseñadores del movimiento moderno y compartió enseñanzas con futuras leyendas del diseño Harry Bertoia y Charles y Ray Eames.

En 1946, Florence Knoll contrata a Herbert Matter para renovar la imagen pública de la compañía. El diseñador gráfico y fotógrafo de origen suizo dirige todas las imágenes desde diseños de logotipos distintivos de la compañía, catálogos, papelería, hasta fotografía y publicidad. En la foto, el matrimonio Knoll en una reunión escucha las propuestas del diseñador gráfico. A la izquierda, el escultor Harry Bertoia

Fiel a los principios de la Bauhaus

En 1937, con la recomendación de Eliel Saarinen, Florence Schust es aceptada en la Architectural Association, en Londres. Allí estudia durante dos años pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial la hizo volver a casa. De vuelta a  Estados Unidos completó su formación. Y es durante esta época cuando Knoll conoció a muchos de los principales arquitectos de la época, entre ellos Alvar Aalto, y estudió con tres «maestros de la Bauhaus»: los arquitectos Walter Gropius, Marcel Breuer y Ludwig Mies van der Rohe, de éste último es de quien tuvo quizás la más clara influencia en su enfoque del diseño: riguroso y metódico.

Knoll fue finalmente contratada por Mies van der Rohe en 1940. Como la única mujer en la empresa, a menudo se le asignaban interiores de proyectos, el trabajo «que sus colegas varones descuidaban constantemente». Shu no solo sobresalía en este trabajo, sino que también establecería un nuevo estándar para el diseño interior corporativo. Aunque se enfrentó a la resistencia de los clientes, casados ​​con el status quo –escritorios pesados ​​y ornamentados colocados en ángulo y espacios cerrados y claustrofóbicos–, siguió los principios de sus mentores de la Bauhaus, enfocándose en crear espacios funcionales y eficientes.

Visión empresarial

En 1941, con 24 años, Florence Schust se trasladó a Nueva York, donde se encontró con Hans Knoll, un empresario alemán quien acabada de fundar Hans G. Knoll Furniture Company y a quien convenció para que la dejara unirse a la empresa. Mientras él se encargaba de la fabricación de muebles y del marketing, ella aportaba su visión y conocimientos sobre diseño y arquitectura. Los dos comenzaron a trabajar juntos y se casaron cinco años después, pasando ella a llamarse Florence Knoll y la empresa Knoll Associates.

En 1946, una de las mayores aportaciones de Florence fue la creación de la Unidad de Planificación de Knoll, un servicio que se adelantó a su tiempo al ofrecer a los clientes un paquete de «diseño total», que redefinió los espacios corporativos de la América de posguerra, apostando por diseños limpios, ordenados y de plantas abiertas. Así surgió el diseño integral para oficinas. Su equipo investigaba rigurosamente a cada cliente y presentaba un diseño integral personalizado. Firmaron, entre otros interiores, las oficinas de IBM, GM y la CBS, compañías punteras que se apuntaron encantadas a este nuevo modo de organizar sus sedes.

Florence Knoll comenta con su amigo  el arquitecto Eero Saarinen, el diseño de la colección de sillas y mesa Tulip. Fotografía: archivo Knoll.

El espíritu moderno de sus líneas elegantes y formas mínimas se tradujo en muebles icónicos que se convirtieron en lugares comunes en todas las oficinas de posguerra de los Estados Unidos y, posteriormente, en las viviendas, ya que su compañía se convertiría, además, en «un árbitro internacional de estilo y diseño» con muebles de Mies van der Rohe, Bertoia y de otros conocidos diseñadores modernos, como los de su gran amigo Eero Saarinen. En muchas ocasiones, la propia Florence Knoll diseñaba muebles para estos proyectos que han pasado a formar parte del catálogo de la actual empresa Knoll. Con un gusto exquisito y un ojo crítico para el diseño, sus muebles, construidos con precisión, eran una perfecta alianza entre funcionalidad y estética, sin extravagancias, donde el único adorno son los materiales como la madera y el mármol.

Además de expandir la línea de muebles a través de sus propios diseños y una serie de encargos de los principales diseñadores del momento, En 1947, Knoll lanzó un programa textil, que más tarde se convertiría en KnollTextiles para llenar otro vacío que percibía en el mercado. La práctica simple pero efectiva de grapar muestras de tela en piezas carboard le llevó a desarrollar un sistema de visualización que finalmente se convirtió en un estándar de la industria.

En 1955 Hans falleció en un accidente automovilístico y Florence tomó el mando de la compañía supervisando todos los aspectos relacionados con el diseño de la empresa (diseños de sala de exposición, marketing, publicidad…). La revolución fue a más. Su célebre frase “Good design is good business” (el buen diseño es un buen negocio) se convirtió en el lema de la firma. La arquitecta sabía que “el buen interiorismo supone un cliente feliz, y un cliente feliz te lleva a otro cliente feliz”. Knoll Associates se distinguió por ser experimental, con una mirada curiosa y fresca ideó técnicas, materiales y herramientas para los problemas que surgían con sus avances.

Piezas funcionales y estéticas

La mayoría de sus primeros diseños son escritorios y credenzas que se utilizan para rellenar espacios en los interiores de la Unidad de Planificación. Uno de sus diseños más conocidos fue una nueva versión de la mesa de conferencias. Reconociendo la necesidad de mejores líneas de visión, utilizó una forma ovalada en lugar de un rectángulo tradicional, Esta mesa ofrece un amplio espacio para reuniones. También demuestra la creencia de Knoll de que los materiales proporcionan suficiente ornamentación. La base de cromo agrega un elemento sorprendentemente moderno que complementa maravillosamente el palo de rosa. No se necesita nada más.

En 1964, Knoll señaló que detrás de la mayoría de los escritorios pesados ​​y ornamentados que se podían ver en las oficinas tradicionales, generalmente había una mesa que se utilizaba como «un recipiente de almacenamiento antiestético».  Para evitar esa visión «lamentable»,  Florence diseñó una credenza elegante y altamente funcional. «Lo hice porque necesitaba un mueble para un trabajo y no estaba allí, así que lo diseñé», afirmaba Florence. Este modelo, es un diseño ideal para tener en una oficina, ya que contiene múltiples archivadores y cajones de papelería. La parte superior de mármol agrega una sutil ornamentación.

Knoll abre su primer Showroom de San Francisco en 1954, lo que se suma a su creciente lista de ubicaciones en todo el mundo. como en muchas otras, presentaba diseños icónicos de Mies van der Rohe (las sillas de Barcelona), Eero Saarinen (la silla Womb, en azul) y los sofás, diseños de la propia Florence Knoll.
En 1948, Mies van der Rohe, mentor y amigo de Florence Knoll, le otorga a Knoll los derechos exclusivos para fabricar su famosa Colección Barcelona. Knoll contrata a Treitel-Grazt, un reconocido taller de fabricación de metal en Long Island City, para producir los icónicos marcos de acero. Anuncio original de los sillones Barcelona. Fotografía: archivo de Knoll.

Diseños de arquitecta

Además de sus propios diseños, muchas de las piezas clásicas con licencia de Knoll pertenecen a innumerables colecciones de museos, incluso  han permanecido en producción continua. Como diseñadora, creó más de 100 diseños de muebles (sillas, sillones, sofás, mesas…) para Knoll, formando casi la mitad de toda su línea de productos. En honor a su centenario, en 2017, Knoll editó varios diseños de muebles nuevos fuertemente inspirados por algunas de sus obras de principios de siglo, incluidos algunos modelos fuera de producción.

Banco Florence Knoll (1954). A pesar de ser lo que Knoll llamaba modestamente como «pieza de relleno», esta banco ahora se erige como un ejemplo indiscutible del diseño moderno.

Retirada en 1965

Después de más de 20 años de innovación continua y liderazgo en la industria, Florence Knoll Basset se retira de la compañía en 1965 y pasa a llamarse Florence Harrod Basset, nombre de su segundo marido, el banquero Harry Hood Bassett, con el que se había casado en 1958. Ya retirada, aún reavivó periódicamente su relación con Knoll, completando un último proyecto de planificación y trabajando en exposiciones relacionadas con el legado de la compañía y su propio trabajo en muebles e interiores.

Aún hoy día, es fácil imaginar todas estas piezas en el vestíbulo de una oficina o en una suite ejecutiva, y ese fue el genio de los diseños de Florence Knoll. Eran simples y fácilmente adaptables a cualquier interior. El aspecto limpio y minimalista de sus muebles también lo hace atemporal: las piezas que creó en las décadas de 1950 y 1960 encajan perfectamente en la decoración de hoy. Muchos de sus diseños se han vuelto iconos tan venerados y celebrados como los de sus colegas: Bertoia, Mies van der Rohe y Eero Saarinen.

Florence Knoll se convirtió en la primera mujer en recibir la Medalla de Oro para el Diseño Industrial del American Institute of Architects en 1961. En 1983 ganó el Athena Award de la Rhode Island School of Design;  y en 2003, el presidente George W. Bush le otorgó el premio más alto del país a la excelencia artística, la National Medal of Arts.

 

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