Pascua Ortega, una figura clave del interiorismo español que forma parte de la historia de Casa Decor

En el legado de Casa Decor hay nombres que están ligados a la Exposición de interiorismo y decoración desde sus primeros años. El de Pascua Ortega es uno de ellos. Además de participar en las once primeras ediciones, celebradas en Madrid y Barcelona entre 1992 y 1999, fue uno de los grandes impulsores de la Exposición. Maestro de varias generaciones de profesionales, en 2016 recibió el primer Premio de Honor a la Trayectoria concedido por Casa Decor.
En este artículo recorremos su carrera, desde sus comienzos en el mundo de las finanzas hasta algunos de sus proyectos más destacados y su estrecha relación con Casa Decor.


De la banca de Nueva York al interiorismo
Nacido en Barcelona en 1945, Pascua Ortega estudió Derecho en Deusto y terminó la carrera en Barcelona. También comenzó Económicas, aunque decidió dejarla porque no le apasionaba. Su primer destino profesional estuvo muy lejos de la decoración: trabajó durante siete años en banca y, con solo 24 años, llegó a dirigir la oficina principal del Banco Ibérico en Las Palmas de Gran Canaria.
Después pasó por Londres y llegó a Nueva York para trabajar en Wall Street, donde permaneció casi tres años. Aquella ciudad de mediados de los años setenta fue mucho más que una etapa laboral. Ortega se sumergió en su efervescencia cultural y artística, frecuentó restaurantes de Park Avenue y recuerda incluso las fiestas de Andy Warhol y otros artistas.
También allí empezó a hacerse evidente algo que ya llevaba dentro. Decoró su apartamento de la calle 73, entre la Quinta Avenida y Madison, con muy poco presupuesto: compraba telas en los bazares orientales y las utilizaba para cubrir las paredes. El resultado llamó tanto la atención que aquel piso terminó convirtiéndose en una pequeña carta de presentación de su manera de mirar los interiores

La vuelta a Madrid
Su regreso a España tuvo una razón muy concreta. Sus padres viajaron a Nueva York, les preocupaba que estuviera tan lejos de casa y, por esas mismas fechas, el banco le ofreció un puesto importante en Madrid. Ortega aceptó y volvió.
Poco después, sus padres le ayudaron a comprar un piso en la calle Válgame Dios, en Chueca, tras la muerte de su abuelo materno. El barrio era entonces muy distinto del actual y muchos pensaron que estaba loco por instalarse allí. Él, sin embargo, supo ver sus posibilidades.
En aquella casa empezó a poner en práctica todo lo que había aprendido en Nueva York. Mezcló referencias vinculadas a Manolete –la vivienda era conocida como la casa del torero– con art déco, pop y piezas de procedencias muy distintas. La vivienda empezó a despertar tanta curiosidad que por ella pasaban arquitectos, periodistas y personajes conocidos.
En 1977 fundó su propio estudio de interiorismo. El paso no significó un cambio inmediato de vida. De hecho, todavía estaba vinculado a la banca y llegó a plantearse vender la casa y regresar a Nueva York.
Fue entonces cuando Carmen Guasp, empresaria y pionera de la restauración madrilena, le propuso montar un restaurante diferente: un lugar donde gastronomía, decoración y vida social formaban parte de una misma experiencia. Una idea que encajaba perfectamente con lo que Ortega había vivido en Nueva York. Él mismo ha contado que una de sus grandes revelaciones se produjo en el restaurante Four Seasons, instalado en el Seagram Building de Mies van der Rohe y diseñado por Philip Johnson.
Bogui abrió finalmente en 1980, en la calle Barquillo 29, esquina con Piamonte, en el bajo de un palacete del siglo XVI. La decoración tenía una clara inspiración neoyorquina y el local se convirtió rápidamente en uno de los puntos de encuentro más deseados de Madrid. El éxito fue enorme y los encargos empezaron a llegar a su estudio, tanto privados como institucionales.
Con el tiempo, encontró en el barrio de Las Letras el lugar que acabaría convirtiéndose en su casa y su estudio: un palacete del siglo XIX que había pertenecido al marqués de Roncali, ministro de Isabel II, y que estaba prácticamente en ruinas. Pascua dedicó dos años a su rehabilitación, recuperando elementos originales como los suelos de marquetería, los artesonados, las pinturas de las bóvedas y la escalera principal. Desde este edificio de la calle Lope de Vega ha desarrollado buena parte de su trayectoria, con más de 800 proyectos entre viviendas, bancos, oficinas, embajadas, hoteles y restaurantes. En 2004 estuvo además al frente de la decoración de Madrid con motivo de la boda de los entonces Príncipes de Asturias.
Su reconocimiento profesional llegó también desde las instituciones. En 2019 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
En la actualidad, Ortega ha reducido su espacio de vida: dejó atrás los 1.200 metros cuadrados distribuidos en tres plantas para trasladarse a un ático de unos 200 metros, más manejable y adaptado a su momento actual. Sigue vinculado al interiorismo, aunque desde una perspectiva más selectiva y junto a muchos de los profesionales que se formaron a su lado. La docencia y la transmisión de su experiencia ocupan también un lugar importante en esta nueva etapa.

Un interiorismo basado en la mezcla
El eclecticismo es probablemente una de las palabras que mejor definen su trabajo. Ortega nunca ha querido encerrarse en un único estilo. Puede recurrir a piezas antiguas, arte contemporáneo, materiales nobles o elementos de una estética mucho más actual dependiendo de cada encargo. Lo que permanece es la atención a la calidad, las proporciones, la arquitectura y la luz.
Más que una fórmula, su manera de trabajar parte de observar y de saber qué necesita cada espacio. La piedra, la madera y el metal están entre sus materiales preferidos; la luz indirecta, otra de sus señas de identidad.

Pascua Ortega y Casa Decor
La relación entre Pascua Ortega y Casa Decor forma parte de la propia historia de la Exposición. Su vinculación comenzó en los primeros años de la muestra y fue especialmente intensa durante aquella etapa.
Participó en once ediciones consecutivas, desde 1992 hasta 1999, en Madrid y Barcelona. Pero su papel fue más allá de la participación como interiorista: formó parte de aquella primera generación de profesionales que ayudó a dar forma a la Exposición. Sus intervenciones se caracterizaron por una decoración culta y sofisticada, en la que mezclaba mobiliario de diferentes épocas y procedencias con arte moderno.
Sus intervenciones dejaron una huella reconocible en aquellos años: ambientes elegantes y sofisticados, en los que combinaba mobiliario de distintas épocas y procedencias con arte contemporáneo y una iluminación cuidadosamente planteada.

El Premio Pascua Ortega y una nueva generación
Su relación con Casa Decor continuó después de aquellas once participaciones. En el año 2000, tras cerrar ese ciclo de presencia continuada en la Exposición, se creó el Premio Pascua Ortega de Interiorismo, un galardón dirigido a jóvenes talentos que reconocía proyectos de fin de carrera de estudiantes de escuelas de diseño de toda España. Entre los incentivos figuraban una dotación económica y un periodo de prácticas en el estudio de Pascua Ortega, una oportunidad especialmente relevante para quienes comenzaban entonces su vida profesional.
El premio conecta con otra dimensión importante de su trabajo: la formación de nuevos profesionales. Él mismo ha señalado en distintas ocasiones que las personas a las que ha formado constituyen uno de los mayores orgullos de su carrera.
Además de Raúl Martins, ganador del Premio Pascua Ortega de Interiorismo en la primera edición del galardón, por su estudio pasaron distintos profesionales que después desarrollarían sus propias carreras. Entre ellos, Belén Domecq, Erico Navazo, Beatriz Silveira y Alejandra Pombo.
Premio de Honor a la Trayectoria Profesional Casa Decor 2016
En 2016, Casa Decor concedió a Pascua Ortega el primer Premio de Honor a la Trayectoria Profesional. El reconocimiento reunía dos aspectos de su relación con la Exposición: su peso como uno de los grandes nombres del interiorismo español y su papel en los primeros años de la muestra. Ese mismo año formó parte del jurado de los IV Premios Casa Decor, junto a Álvaro Catalán de Ocón, Tomás Alía, Soledad Lorenzo, Óscar Mariné e Izaskun Chinchilla.
Habían pasado 24 años desde aquella primera edición de 1992. Durante ese tiempo, Casa Decor había cambiado de edificios y de generaciones de profesionales, pero el nombre de Pascua Ortega seguía, y seguirá, ligado a sus primeros capítulos.



