Mariana Paccieri y Eduardo Torrente: dos formas de entender el diseño de mobiliario

En nuestro anterior artículo reuníamos seis muebles diseñados en exclusiva para Casa Decor 2026. Piezas creadas específicamente para los espacios que las acogieron y que permiten entender hasta qué punto el mobiliario de diseño puede formar parte del concepto general de un interior.
Para profundizar en esta forma de trabajar, hemos hablado con Mariana Paccieri, de Paccieri Studio, y Eduardo Torrente, de TARQ Studio, dos estudios que han llevado a Casa Decor propuestas muy diferentes, pero con un punto en común: la voluntad de pensar el mueble desde el propio proyecto.
A lo largo de estas entrevistas aparecen cuestiones como el momento adecuado para diseñar una pieza desde cero, el valor de la artesanía, la relación entre mobiliario y arquitectura o la búsqueda de interiores más personales. También dos ejemplos muy distintos. Dúo, la mesa creada por Paccieri Studio para «The Listening Bar«, el Espacio Aitex, nace de la música y del movimiento de la vitrola. La mesa de «Dos Latitudes», de TARQ, parte de una técnica artesanal ancestral vinculada al pueblo Wounaan.
Dos maneras de entender el diseño a medida que Casa Decor 2026 ha permitido llevar a la práctica y que ponen sobre la mesa una idea: un mueble puede ser mucho más que una pieza que completa un espacio. Puede formar parte de su identidad, resolver una necesidad concreta o incluso convertirse en el punto de partida de todo un proyecto.

El punto de partida está en el proyecto
Para Mariana Paccieri, diseñar mobiliario a medida tiene sentido cuando el catálogo no ofrece exactamente lo que necesita el espacio. «A veces encuentras la pieza perfecta y otras veces simplemente no existe. Ahí es cuando diseñarla tiene sentido: puedes trabajar exactamente la proporción, el material y la función que necesitas y, además, crear algo único para ese proyecto», explica.
En TARQ, esa decisión suele partir del propio espacio. Su morfología, una circulación complicada, una proporción difícil o una necesidad concreta del usuario pueden indicar que una solución convencional no es suficiente. A veces lo detectan desde el modelado y otras aparece más adelante, al definir materiales y usos. Eduardo pone como ejemplo el despacho diseñado para una clienta que necesitaba un espacio capaz de ser utilizado también por su pareja y de acoger a amigos. El resultado fue un escritorio pensado específicamente para esas distintas formas de ocuparlo.
«Nos interesa encontrar esas oportunidades donde el diseño puede resolver más de una cosa a la vez«, explica. Es en esos casos, añade, cuando la pieza deja de ser un elemento añadido y empieza a formar parte de la arquitectura del proyecto.
El proceso también puede darse en sentido inverso: que una pieza sea la que empiece a definir el espacio. Para Eduardo, esto ocurre cuando el mueble está ligado a una experiencia concreta. «Si queremos que una mesa provoque una conversación, que un bar convierta el salón en el centro social de una casa o que una pieza genere una pausa, entonces el espacio comienza a responder a esa intención.» Cambian las distancias, las circulaciones, la luz e incluso la relación entre los demás elementos.
En «Dos Latitudes», el mueble-bar fue precisamente uno de esos puntos de partida. No se incorporó después de definir la distribución, sino que ayudó a organizarla alrededor de la idea de recibir, conversar y celebrar. «En esos casos, es el espacio el que responde al mueble y no necesariamente al contrario«, explica.
Esa relación entre mueble y arquitectura también está presente en la mirada de Paccieri. «Es una extensión natural del proyecto. Para nosotros arquitectura, mobiliario, iluminación y materiales en decoración de interiores forman parte de una misma historia. No los entendemos como elementos independientes, sino como capas que juntas construyen la identidad del espacio.»

Del catálogo a piezas con una historia propia
Los dos estudios coinciden en que existe un interés creciente por interiores menos estandarizados. Paccieri lo relaciona con clientes que buscan espacios más personales y con la posibilidad de llevar un concepto hasta el último detalle. En TARQ, esa búsqueda tiene además una dimensión vinculada a la identidad.
«Las generaciones más jóvenes quieren que sus casas sean menos una representación de las tendencias y más una extensión de quiénes son«, explica Eduardo. Obras de arte, objetos heredados, piezas encargadas expresamente o materiales relacionados con un lugar determinado forman parte de esa construcción personal.
«El interior empieza entonces a construirse desde capas de identidad y no únicamente desde una selección de catálogo«, añade.
Eso no significa, para ninguno de los dos, que todo tenga que diseñarse desde cero. Paccieri lo deja claro: «No se trata de diseñarlo todo, sino de saber cuándo una pieza propia realmente aporta algo.»
Para TARQ tampoco existe una tipología concreta que deba llevar su firma. Diseñan desde piezas exentas hasta bibliotecas, barras, escritorios o sistemas de almacenaje. «No buscamos tener una «pieza TARQ» reconocible por su forma. Nos interesa más que exista una manera TARQ de llegar a ella: desde la escucha, la función, la materia y la historia que el objeto debe ser capaz de contener.»

Dúo: una mesa al ritmo de la música
En «The Listening Bar«, el mueble diseñado por Paccieri Studio nació directamente del concepto del espacio. Dúo toma como referencia la vitrola y el movimiento de la música y se planteó como la pieza encargada de recibir al visitante.
«Queríamos que los dos volúmenes parecieran encontrarse y continuar su recorrido«, cuenta Mariana Paccieri. La mesa está formada por dos curvas de madera maciza trabajadas manualmente. La unión entre ambas no se oculta: se convierte en parte de la propia estética de la pieza.
«Nos gustaba la idea de no esconder cómo está construida, sino convertirlo en parte de su diseño«, explica. Cada encuentro y cada curva se trabajaron con especial atención para conseguir una pieza con carácter escultórico, pero también capaz de transmitir movimiento.
Ese planteamiento resume bastante bien la forma en la que Paccieri entiende el mobiliario a medida: no se trata de diseñar por diseñar, sino de encontrar aquellos elementos en los que una pieza específica puede llevar más lejos la idea del proyecto.

Artesanía, pero sin nostalgia
La mesa de «Dos Latitudes» parte de un camino diferente. El equipo de TARQ Studio eligió la fibra de werregue, trabajada tradicionalmente por el pueblo Wounaan, para crear una pieza destinada a la zona de comedor de la suite.
La elección no fue únicamente estética. La técnica está ligada históricamente a objetos utilizados para almacenar alimentos y transportar agua, de modo que trasladarla a una mesa de comedor mantenía su relación con el acto de reunirse alrededor de la comida.
«No queríamos transformar la técnica para hacerla parecer contemporánea. El reto era exactamente el contrario: mantener su lógica constructiva y cambiar el contexto en el que la encontramos«, explica Torrente.
La pieza está completamente tejida a mano y detrás de ella existe un conocimiento transmitido durante generaciones. Desde la extracción y preparación de la fibra hasta el tejido pueden transcurrir meses e incluso años.
Para TARQ, la artesanía no tiene valor simplemente por oponerse a lo industrial. «Lo interesante es el conocimiento que contiene: el tiempo, la técnica, la relación con un territorio y aquellas pequeñas decisiones que hacen que una pieza nunca sea exactamente igual a otra. Trabajar con artesanos introduce una variable humana muy evidente. Hay pequeñas desviaciones, marcas del proceso y una memoria material que difícilmente aparece en una producción completamente estandarizada.
En TARQ nos interesa especialmente cuando ambos mundos conviven. Dos Latitudes nació precisamente de ese encuentro: técnicas ancestrales junto al acero, superficies industriales junto a fibras naturales, madera marcada por el tiempo junto a materiales de precisión. No buscamos resolver esas diferencias, sino hacerlas dialogar», apunta.

Casa Decor, un laboratorio a escala real
Para ambos estudios, Casa Decor ha sido algo más que el escenario donde presentar un proyecto. La posibilidad de trabajar durante unas semanas con una libertad difícil de encontrar en otros encargos les permitió investigar y llevar determinadas ideas más lejos.
Para Paccieri Studio, supuso experimentar con materiales, soluciones y procesos junto a marcas, fabricantes y artesanos. «Es un lugar donde puedes llevar una idea mucho más lejos y, al mismo tiempo, enseñar de una forma muy clara quién eres como estudio«, explica Mariana.
La arquitecta también destaca que Casa Decor le ha permitido explorar una cuestión que le gustaría incorporar con mayor presencia en futuros proyectos: la sostenibilidad entendida desde el origen. «Investigamos mucho con reutilización, reciclaje y nuevos materiales, pero siempre buscando que el resultado siguiera siendo estético y sensorial«, nos cuenta. Una línea de trabajo que, después de la experiencia en Casa Decor,
En el caso de TARQ, la experiencia tuvo incluso un carácter de investigación. El espacio se planteó prácticamente sin dormitorio y se organizó alrededor de la recepción, la conversación, la comida y un bar doméstico como centro social.
«Fue un laboratorio a escala real«, cuenta Eduardo. Durante las seis semanas de exposición pudieron observar cómo se movían los visitantes, dónde se detenían, qué tocaban o qué materiales despertaban su curiosidad.
Ese contacto directo con el público también estuvo muy presente en «The Listening Bar«. El estudio recibió un reconocimiento del jurado –la 1ª Mención al Mejor Diseño de Producto Integrado, por la lámina retroluminada de Aitex– y el espacio quedó tercero en la votación del público. Para Paccieri, esta última respuesta tuvo un significado especial: «Uno de los mayores logros de un espacio es conseguir que alguien entre y sienta algo. Ver a la gente detenerse, escuchar la música y conectar con «The Listening Bar» fue probablemente lo más bonito de toda la experiencia.»
TARQ, por su parte, recibió el Premio Extraordinario Ángeles Barbería por «Dos Latitudes». Para Eduardo, el reconocimiento tuvo un significado especial por la figura que le da nombre: Ángeles Barbería fue durante más de dos décadas una persona clave en Casa Decor, acompañando y dando espacio a nuevos talentos. Aunque el equipo no llegó a conocerla, descubrió a través de la comunidad la huella que dejó. «Recibir en nuestra primera participación un premio creado para honrar ese legado tuvo para nosotros un valor mucho más humano que competitivo. Sentimos que nos vinculaba, de alguna manera, con esa tradición de abrir espacio a nuevas voces, y eso hizo que el reconocimiento tuviera todavía más sentido.»

El futuro: piezas menos intercambiables
La experiencia de Casa Decor también deja algunas pistas sobre hacia dónde puede avanzar el diseño de mobiliario. Para Mariana Paccieri, el trabajo a medida seguirá creciendo a medida que aumente la búsqueda de espacios personales, aunque sin desplazar al mobiliario de catálogo.
«La clave está en diseñar cuando realmente aporta algo al concepto o a la idea del proyecto. No diseñar por diseñar, sino porque el espacio lo pide.»
Eduardo Torrente apunta hacia una exploración cada vez mayor de las relaciones entre lo industrial y lo natural, pero no necesariamente desde la mezcla literal de materiales dentro de una misma pieza. Lo importante, explica, es trasladar una forma de pensar: «Más que trasladar recursos formales de Casa Decor a otros proyectos, nos llevamos una manera de construir relaciones entre materialidades aparentemente distantes.»
En el fondo, las dos entrevistas apuntan hacia una misma dirección. El mueble a medida no tiene por qué reclamar protagonismo ni convertir cada interior en una colección de piezas únicas. Su valor aparece cuando responde a algo que pertenece exclusivamente a ese espacio: una necesidad, una historia, una forma de vivir o una determinada relación con los materiales.
Y ahí está quizá una de las aportaciones más interesantes de Casa Decor: permitir que los estudios prueben esas ideas a escala real, delante de un público y junto a profesionales capaces de hacerlas realidad. No solo como escaparate de tendencias, sino como un lugar donde investigar qué puede aportar hoy el diseño cuando deja de limitarse a elegir entre lo que ya existe.
Fotos: Lupe Clemente (Espacio Aitex) y Jordi Canosa (Espacio TARQ Studio).


