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Celosías cerámicas: de elemento arquitectónico a protagonista del interiorismo

16 / 07 / 2026
Pasillo de Unexpected Hammam con grandes celosías cerámicas de terracota en Casa Decor 2022
Espacio WOW Design por Summumstudio, en Casa Decor 2022. Foto: Nacho Uribesalazar

Mucho antes de que las viviendas dependieran del aire acondicionado, la arquitectura ya había encontrado la manera de protegerse del calor: las celosías, una solución constructiva que filtra la luz y favorece la ventilación sin renunciar a la privacidad, y que con el tiempo encontró en la cerámica uno de sus materiales más duraderos.

Lo cierto es que las celosías tienen siglos de historia. Primero fueron un recurso ligado a las civilizaciones antiguas; después, un elemento habitual en la arquitectura mediterránea; durante las décadas de 1960 y 1970, conquistaron las fachadas de miles de edificios españoles. Cayeron en el olvido en los ochenta, con la llegada de nuevos sistemas de climatización, pero hoy, cuando la sostenibilidad sitúa el diseño pasivo en el centro del debate, recuperan todo el protagonismo, ya no solo en las fachadas, sino también en el diseño de interiores.

Mashrabiya de madera tallada instalada en la fachada de un edificio tradicional
Mashrabiya, celosía de madera. Foto: Omar Elsharawy en Unsplash
Jali de piedra con patrones geométricos en un edificio de arquitectura india
Jali, celosía de piedra. Foto: George Dagerotip en Unsplash

Mucho más antiguas de lo que parecen

Asociar las celosías a los edificios construidos durante los años sesenta o setenta es una imagen comprensible, pero incompleta. En realidad, la historia de este recurso arquitectónico comienza muchos siglos antes.

Desde que el ser humano empezó a construir asentamientos permanentes, el clima condicionó la forma de levantar las viviendas. En las regiones cálidas y secas, el desafío siempre fue el mismo: reducir el impacto del sol sin impedir la circulación del aire. Mucho antes de que existieran el vidrio de altas prestaciones o los sistemas de climatización, la arquitectura debía resolver ese problema únicamente mediante la orientación, los materiales y la propia forma del edificio.

Ya en el antiguo Egipto aparecen cerramientos perforados capaces de suavizar la entrada de luz. Más tarde, las culturas persa e islámica perfeccionaron esa idea con extraordinaria sofisticación. Surgieron las mashrabiyas, delicadas celosías de madera que cubrían ventanas y balcones, que permitían, además de observar el exterior sin ser visto, refrescar las estancias gracias a la circulación constante del aire.

En la India, los jali de piedra cumplían una función muy similar. Tallados artesanalmente, generalmente siguiendo patrones geométricos, convertían la luz en un elemento arquitectónico más y contribuían a mantener una temperatura más agradable en palacios, templos y viviendas.

Aunque los materiales variaban según cada territorio, el principio era exactamente el mismo: una superficie perforada que no bloquea el aire ni la luz, sino que los regula. Esa idea, aparentemente sencilla, ha sobrevivido durante siglos porque responde a una necesidad universal.

Celosías ornamentales de la Alhambra de Granada filtrando la luz en sus arcos interiores
Alhambra de Granada. Foto: Bart Wellens en Unsplash

Del Al-Ándalus a nuestros días

España heredó buena parte de esa tradición a través de la arquitectura hispanomusulmana. Durante siglos, el sur y el levante peninsular desarrollaron una manera de construir profundamente ligada al clima. Los patios interiores, los soportales, los gruesos muros de mampostería, los aleros pronunciados, las contraventanas o las persianas alicantinas no respondían únicamente a una cuestión estética; todos formaban parte de una misma estrategia para proteger las viviendas del calor, favorecer la circulación del aire y crear interiores más confortables sin recurrir a ningún sistema de climatización.

Uno de los ejemplos más extraordinarios es la Alhambra de Granada. Levantada principalmente durante el siglo XIV bajo la dinastía nazarí, en los reinados de Yusuf I y Muhammad V (entre 1333 y 1391), el conjunto palaciego incorpora celosías de yeso y de barro cocido en distintos espacios que, más de seis siglos después, siguen cumpliendo exactamente la misma función para la que fueron concebidas.

Tras la conquista cristiana, ese conocimiento no desapareció. La arquitectura mudéjar lo hizo suyo y lo reinterpretó entre los siglos XIV y XVI. Ciudades como Sevilla, Toledo, Zaragoza o Teruel conservaron muchas de esas técnicas constructivas, adaptándolas a nuevos edificios y manteniendo vivo un saber hacer que había demostrado su eficacia frente al clima mediterráneo. Las celosías cerraban galerías, protegían ventanas orientadas al sol, delimitaban patios o tamizaban la luz antes de que alcanzara las estancias principales. Su valor iba mucho más allá del aspecto ornamental y, aunque su presencia fue variando con el paso de los siglos y las modas arquitectónicas, el principio que las sustenta permaneció intacto.

Fachada contemporánea protegida por una gran celosía modular de piezas cuadradas
Foto: Goodrich Kingrey en Unsplash
Celosía geométrica integrada en la fachada de un edificio de ladrillo
Foto: Vadim Babenko en Unsplash

La cerámica cambia las reglas del juego

La gran revolución llegó con la posibilidad de fabricar celosías de manera industrial.

A finales de la década de 1950, España vivía una profunda transformación económica y urbana. Las ciudades crecían a gran velocidad, el turismo comenzaba a modificar el litoral mediterráneo y la construcción necesitaba sistemas rápidos, resistentes y asequibles para responder a una demanda de vivienda sin precedentes. La industria cerámica, con una larga tradición en nuestro país, supo adaptarse a ese nuevo escenario.

Gracias a los avances en los procesos de fabricación, comenzaron a producirse piezas modulares capaces de repetirse una y otra vez con gran precisión. Aquellas nuevas celosías podían colocarse con facilidad, ofrecían una excelente durabilidad frente al sol y la humedad y apenas requerían mantenimiento. Fue entonces cuando pasaron de ser un recurso relativamente puntual a convertirse en una solución habitual de la arquitectura española.

Durante las décadas de 1960 y 1970, resultaba difícil recorrer muchas zonas del Mediterráneo sin encontrárselas. Cerraban galerías, protegían cajas de escalera, ocultaban tendederos, vestían terrazas y aparecían integradas en las propias fachadas de bloques de viviendas, hoteles, colegios o edificios públicos. Aquella arquitectura, que hoy asociamos fácilmente al desarrollismo, escondía una virtud que durante años pasó desapercibida: sin saberlo, ya aplicaba principios que hoy llamaríamos arquitectura bioclimática.

A partir de los años ochenta, la generalización del aire acondicionado y la aparición de nuevas soluciones constructivas hicieron que las celosías cerámicas dejaran de considerarse tan necesarias. Numerosas terrazas abiertas se cerraron por completo, las galerías perdieron su ventilación original y muchas de aquellas piezas perforadas desaparecieron durante las reformas para dar paso a materiales que en aquel momento se percibían como más modernos.

También influyó un cambio de sensibilidad. Durante años, aquel periodo de construcción masiva despertó poco interés patrimonial, y con él se relegaron muchos de sus elementos más característicos, entre ellos las celosías, vistas por algunos como un simple vestigio de otra época.

El tiempo, sin embargo, suele ofrecer una perspectiva distinta. Igual que ha ocurrido con los suelos de terrazo, los pavimentos hidráulicos o la carpintería de madera, la mirada sobre la arquitectura de la segunda mitad del siglo XX también ha cambiado. Hoy muchas de aquellas soluciones vuelven a valorarse por lo que realmente aportaban: confort, durabilidad y una forma de construir profundamente adaptada al lugar.

Fachada blanca con paños de celosía de terracota y vegetación exterior
Foto: Esther Muilwijk en Unsplash

Una inteligencia climática construida con barro

La eficacia de una celosía no depende únicamente de los huecos que deja entre una pieza y otra. También intervienen la orientación de la fachada, el tamaño de las perforaciones, la profundidad de cada módulo y la propia capacidad térmica de la cerámica.

Cuando el sol incide directamente sobre una fachada completamente acristalada, gran parte de esa energía atraviesa el vidrio y se convierte en calor dentro de la vivienda. Una celosía actúa como un filtro: intercepta buena parte de la radiación antes de que alcance el interior y genera una zona de sombra que reduce notablemente el calentamiento de los espacios.

Al mismo tiempo, los huecos permiten que el aire siga circulando. Esa ventilación constante favorece la evacuación del calor acumulado y mejora el confort de manera completamente natural. No se trata de enfriar el ambiente, sino de evitar que llegue a calentarse tanto.

Es precisamente esa combinación –sombra, ventilación y control de la luz– la que convierte a las celosías en uno de los ejemplos más claros de arquitectura pasiva. Un sistema que no consume energía, no incorpora tecnología compleja y, sin embargo, sigue respondiendo con enorme eficacia a un problema que continúa siendo plenamente actual.

Palacio de Congresos de Peñíscola con una envolvente exterior de celosía cerámica
En el Palacio de Congresos de Peñíscola, Castellón, la fachada en uno de los principales recursos bioclimáticos y compositivos del proyecto, ya que una gran envolvente de celosía cerámica actúa como elemento de protección solar y control climático.
Edificio CICYTEX rehabilitado con una envolvente de celosías cerámicas para controlar el sol
Rehabilitación energética del edificio CICYTEX (Extremadura), por DUNAR Arquitectos. Se instalaron más de 15.000 piezas cerámicas en fachada como solución de control solar y mejora energética de la envolvente. RN Fotógrafos / Nicolás Yazigi
Pasarela del edificio CICYTEX protegida por celosías cerámicas que proyectan sombras
Rehabilitación energética del edificio CICYTEX (Extremadura), por DUNAR Arquitectos. RN Fotógrafos / Nicolás Yazigi
Pabellón de España en Expo Aichi 2005 con fachada de celosías cerámicas hexagonales de colores
Pabellón  español de la Expo 2005 Aichi (Japón), de Alejandro Zaera-Polo y Farshid Moussavi. Celosía de piezas hexagonales cerámicas esmaltadas en colores. ©Satoru Mishima
Luz proyectada a través de las celosías hexagonales del Pabellón de España en Expo Aichi 2005
Pabellón  español de la Expo 2005 Aichi (Japón), de Alejandro Zaera-Polo y Farshid Moussavi. ©Satoru Mishima

Una segunda vida con más sentido que nunca

Resulta curioso comprobar que las celosías han recuperado protagonismo precisamente cuando la arquitectura vuelve a hacerse las mismas preguntas que hace sesenta años. ¿Cómo reducir el sobrecalentamiento de un edificio? ¿Cómo aprovechar mejor la ventilación natural? ¿Cómo disminuir el consumo energético sin renunciar al confort?

La respuesta no pasa únicamente por desarrollar nuevas tecnologías. En muchos casos consiste también en recuperar soluciones cuya eficacia ya había sido demostrada durante siglos. Entre ellas, las celosías que, no regresan por nostalgia ni porque la decoración haya rescatado una estética vintage, sino porque ofrecen respuestas a problemas contemporáneos. Y pocas veces una pieza con tantos siglos de historia había resultado tan actual.

La rehabilitación de edificios construidos en la segunda mitad del siglo XX ha contribuido decisivamente a recuperar este patrimonio. Arquitectos y diseñadores han vuelto a apreciar la riqueza gráfica de estas piezas, capaces de proyectar sombras cambiantes a lo largo del día y de dar profundidad a una fachada con un elemento relativamente sencillo.

Al mismo tiempo, los fabricantes han ampliado enormemente sus catálogo, en los que encontramos desde las clásicas piezas cuadradas o romboidales hasta diseños mucho más depurados, formatos de gran tamaño y acabados que van desde los tonos naturales de la arcilla hasta esmaltes contemporáneos o versiones realizadas a medida para proyectos concretos.

Interior de Soft and Raw con celosías cerámicas como separadores de ambientes en Casa Decor 2020
Espacio Devesa & Agenjo en Casa Decor 2020. Foto: Nacho Uribesalazar
Celosías cerámicas en los espacios La Paloma Cerámicas y Moretti Cocinas de Casa Decor 2020
Espacio La Paloma Cerámicas por Miguel Muñoz / Espacio Moretti Cocinas por AS Interiorista. Casa Decor 2020. Fotos: Nacho Uribesalazar
Salón El viaje del humo con banco y celosías cerámicas en tonos terracota en Casa Decor 2026
Espacio Impar Grupo por Impar Design en Casa Decor 2026. Foto: Nacho Uribesalazar

De la fachada al interior de la vivienda

Si hace unos años la celosía reapareció en las fachadas, el siguiente paso era casi inevitable: cruzar la puerta de entrada y pasar a ser un recurso habitual del interiorismo. Esa evolución responde a una forma distinta de entender la distribución de la vivienda. Los espacios son cada vez más abiertos, pero también surge la necesidad de delimitar usos sin perder amplitud ni continuidad visual, y ahí la celosía ofrece una solución especialmente interesante: permite separar el recibidor del salón, independizar el comedor de la cocina o crear un rincón de trabajo sin recurrir a tabiques tradicionales. El aire circula, la claridad atraviesa las piezas y la vivienda mantiene esa sensación de espacio abierto tan buscada en los proyectos actuales.

Basta recorrer las últimas ediciones de Casa Decor para comprobar hasta qué punto esta solución arquitectónica ha encontrado una nueva vida en el interiorismo. Lejos de reproducir su uso tradicional, arquitectos e interioristas la reinterpretan desde perspectivas muy distintas: unas veces como separador de ambientes; otras, como revestimiento, pieza escultórica o incluso como el elemento que construye la propia arquitectura del espacio.

En Casa Decor 2020 empezaron a verse proyectos que recuperaban su función más tradicional: organizar el espacio. Así, el equipo de AS Interiorista recurrió a una celosía a modo de tabique en el Espacio Moretti Cocinas, y los interioristas de Devesa & Agenjo, Ane Devesa y Jose Agenjo, utilizaron piezas de APE Grupo para delimitar los dos ambientes de «Soft & Raw«.

También en «Club Velázquez«, el espacio diseñado por Miguel Muñoz para La Paloma Cerámicas, las piezas cerámicas hacían de ligero separador que permitía el paso de la luz. El proyecto, sin embargo, iba un paso más allá al utilizar la celosía para crear mobiliario, en este caso una consola retroiluminada. Una idea que reapareció en la pasada edición, en  «El viaje del humo«, el Espacio de Impar Grupo, con un banco continuo realizado con la colección Jali, de Harmony.

Celosías geométricas en el recibidor El zaguán de Aritco de Casa Decor 2023
Espacio Aritco por AS Interiorista en Casa Decor 2023. Fotos: Amador Toril
Cocina Life Project Madrid con una pared revestida de celosía cerámica en Casa Decor 2024
Espacio Copatlife por Virginia Albuja en Casa Decor 2024. Foto: Amador Toril
Lobby to the sky con revestimiento de celosía cerámica retroiluminada en Casa Decor 2025
Espacio Aritco por Borja Esteras, en Casa Decor 2025. Foto:
Celosías cerámicas en The Sound Club y en el baño Kamaleohm de Casa Decor 2026
Espacio Bang & Olufsen por Virginia Albuja / Espacio Strohm por Viteri/Lapeña. Casa Decor 2026. Fotos: Amador Toril y Jordi Canosa
La cocina como impronta con celosía cerámica aplicada como estructura y revestimiento
Espacio Doimo Cucine por Equipo Doimo en Casa Decor 2026. Fotos: Nacho Uribesalazar

Del separador al revestimiento

En muchos otros proyectos de Casa Decor, las celosías ya no se utilizaron como elementos separadores, sino como revestimientos con los que aportar textura, profundidad y movimiento gracias a la geometría de las piezas. Lo vimos en «El zaguán de Aritco«, donde AS Interiorista eligió la colección Castello, diseñada por Dsignio para Harmony, una celosía inspirada en las estrechas ventanas defensivas de los castillos medievales. La abertura de cada pieza está desplazada respecto al centro, lo que permite colocarla en ocho posiciones distintas y crear composiciones de gran tamaño sin que el dibujo resulte repetitivo.

En Casa Decor 2024, Virginia Albuja recurrió a la celosía Occhiata, de la serie A Piedi de APE Grupo, para cubrir una de las paredes de la cocina «Life Project Madrid«, de Copatlife y en Casa Decor 2025, en el espacio de Aritco «Lobby to the sky«, diseñado por Arquitalia, la serie Lumina, de Durstone, convirtió las paredes en superficies llenas de volumen con la combinación de los formatos Cube y Brick. 

Este mismo año, en Casa Decor 2026, Gresmanc Group presentó O-BUIT, un sistema de gres extrusionado que explora las posibilidades de las celosías desde un planteamiento claramente arquitectónico. En «The Sound Club by Bang & Olufsen«, proyectado por Virginia Albuja para Bang & Olufsen, al decorar las paredes con estas piezas, ya no solo se ganó profundidad, sino que también se logró reforzar la atmósfera creada por la iluminación y el sonido. En «Kamaleohm«, diseñado por Viteri/Lapeña para Strohm, el mismo sistema enmarcaba la zona de los lavabos, donde la repetición de las piezas generaba un fondo con mucha más riqueza visual que una pared lisa.

También la celosía Curtain, de Nuet, encontró nuevas aplicaciones en «La cocina como impronta«, el espacio de Doimo Cucine. Además de formar la estructura que integraba el servicio de agua embotellada con dispensador de Aquaservice, decoraba una de las paredes del proyecto a modo de cuadro.

Espacio WOW Design por Summumstudio, Premio al Mejor Proyecto Casa Decor 2022. Foto: Nacho Uribesalazar
Espacio Nuet Ceramics – Terraza "Al desnudo"
Espacio Nuet por Mayice en Casa Decor 2026. Foto: Nacho Uribesalazar

Elemento arquitectónico

Más allá de separar ambientes o revestir paredes, algunos profesionales han partido de la celosía como auténtico punto de partida del proyecto.

En Casa Decor 2022, el espacio «Unexpected Hammam«, diseñado por Summumstudio para WOW Design y reconocido con el Premio al Mejor Proyecto de aquella edición, fue el escenario elegido para presentar Icon, el sistema modular cerámico diseñado por el estudio para la firma e inspirado en los perfiles de hormigón estructural. A partir de baldosas cuadradas y ladrillos de terracota, el proyecto se articulaba en torno a dos grandes celosías enfrentadas y un techo curvo que envolvían al visitante en una atmósfera de inspiración mediterránea. La luz filtrada, el agua y la cerámica transformaban el recorrido en una experiencia inmersiva donde las propias celosías definían la arquitectura del espacio.

Esa misma idea reapareció, en Casa Decor 2026. En «Al Desnudo«, el espacio que Mayice diseñó para Nuet y que recibió la Segunda Mención del Jurado a Mejor Proyecto, la terraza se convertía en un paisaje construido íntegramente con piezas de gres extrusionado. Muros, plataformas, escaleras, celosías, banquetas e incluso el mirador surgían de la repetición y combinación de distintos modelos, entre ellos Beige, Round, Cruces y Curtain. A medida que cambiaba la luz, también lo hacía la percepción del espacio.

Pocas soluciones arquitectónicas pueden presumir de haber atravesado tantos siglos sin perder su sentido. Las celosías han sabido adaptarse a cada época sin renunciar a la función para la que fueron concebidas. Hoy, además, despiertan interés en arquitectos, diseñadores e interioristas que no dudan en integrar estas piezas perforadas en sus interiores para dotarles de un extra de carácter y personalidad.

Texto: Marta Sanz
Casa Decor
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