Casa Decor nos acerca a los trabajos de los talleres Granda

Uno de los aspectos que distinguen a Casa Decor del resto de exposiciones de interiorismo es que no solo muestra tendencias, materiales decorativos innovadores o avances tecnológicos: también acerca el patrimonio arquitectónico a la ciudadanía. En cada edición abre las puertas de un edificio singular que, la mayor parte del año, permanece cerrado al público, y durante unas semanas se transforma en un escaparate vivo de la herencia cultural del país.
Entre los ejemplos más recientes, se encuentran el Palacio de la Trinidad, en Francisco Silvela 86, y el Palacio del Marqués de los Vélez y Conde de Niebla, en San Agustín 11, sedes de las ediciones de 2024 y 2026 respectivamente. Y es quienes visitaron sus capillas y oratorios, descubrieron las obras de Talleres de Arte Granda, una casa con más de un siglo de historia dedicada al arte sacro, la orfebrería, la escultura o la restauración patrimonial. Piezas que forman parte de la historia de esos edificios, igual que sus suelos de mármol o sus artesonados, y que, de no ser por Casa Decor, muy pocos habrían tenido la oportunidad de ver.


Granda, la belleza como punto de partida
Félix Granda y Buylla nació el 21 de febrero de 1868 en Pola de Lena, Asturias. Desde joven mostró una inclinación artística poco habitual para alguien que también estudiaba para sacerdote: participó en los círculos culturales asturianos de la época, como la Colonia Artística de Muros de Pravia, y fue acumulando una formación doble que le sería imprescindible más adelante.
El 19 de diciembre de 1891, tras completar sus estudios en el Seminario de Oviedo, fue ordenado sacerdote. Ese mismo año fundó sus primeros talleres de arte, movido por una preocupación que le rondaba desde hacía tiempo: el arte litúrgico español llevaba décadas cayendo en picado. No en cantidad, sino en calidad.
La producción industrial había sustituido a los oficios tradicionales, y las iglesias se llenaban de piezas anodinas, sin alma, fabricadas en serie. Lo que él quería era otra cosa: recuperar el esplendor artesanal que había caracterizado al arte sacro durante siglos, pero sin caer en la simple nostalgia. Sus tres pilares eran la calidad artística y artesanal, el rigor teológico en el mensaje de cada pieza, y la búsqueda constante de la belleza como valor en sí mismo.
En 1899 obtuvo la Medalla de Oro de Segunda División en la Exposición Regional de Bellas Artes de Gijón. Ese mismo año solicitó su incardinación en la Diócesis de Madrid-Alcalá, donde quería seguir formándose y donde los encargos empezaban a llegar de toda España. En 1903 se trasladó al Hotel Las Rosas, un palacete junto al antiguo Hipódromo de Madrid –hoy la zona de Nuevos Ministerios–, que se convirtió en la sede y el corazón de sus talleres. En 1900 llegó a tener más de 200 artesanos trabajando allí: plateros, imagineros, escultores, cinceladores, broncistas, bordadoras. Cada uno en su especialidad, todos bajo la misma dirección artística de Granda, que no ponía en marcha ningún proyecto sin explicar antes, en detalle, la iconografía a cada uno de los artesanos implicados.

La medalla y el catálogo
En 1911, Madrid acogió el Congreso Eucarístico Internacional. Ese mismo año, Félix Granda ganó la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes en la Exposición de Artes Decorativas, el único premio concedido en aquella edición. Fue su consagración pública como artista.
También en 1911 publicó el primer catálogo de la empresa, al que dio un título revelador: «Mi propósito». Allí exponía con claridad las ideas que lo habían llevado a crear los talleres: no se trataba solo de hacer piezas adecuadas para el culto, sino de ofrecer a Dios lo más precioso que el arte podía dar.
A partir de ahí, los encargos se multiplicaron. Llegaron desde toda España y también del extranjero. Entre sus obras más conocidas están la capilla sepulcral de San Juan de la Cruz en Segovia (1926), la corona de la Virgen del Sagrario de Toledo –una auténtica joya de la orfebrería española del siglo XX, de oro, platino y pedrería–, la corona de Nuestra Señora de Guadalupe en Cáceres (1928), y la custodia procesional y políptico para la catedral de Burgos.
El taller llegó a trabajar con figuras tan distintas como Antonio Gaudí, con quien Granda mantuvo correspondencia y compartía el entusiasmo por incorporar formas naturales al arte sacro. Entre sus discípulos formados en los talleres estuvieron los escultores José Capuz, Luis Ortega Bru y Juan Vargas Cortés.
Tras la Guerra Civil española, con la destrucción masiva de templos y arte religioso, los talleres de Granda participaron activamente en la reconstrucción. Las circunstancias obligaron a trabajar con materiales más modestos, pero la empresa nunca cerró. Don Félix murió en Madrid el 23 de febrero de 1954, a los 86 años.


Un taller que sigue vivo
Talleres de Arte Granda lleva más de 125 años en funcionamiento, lo que ya de entrada dice bastante. Hoy tienen su sede social, oficinas y talleres en Alcalá de Henares, además de una tienda en Madrid y otra en Chicago, donde en el año 2000 abrieron la filial Granda Liturgical Arts para atender la demanda norteamericana.
Lo que hacen sigue siendo esencialmente lo mismo que hacía don Félix: arte sacro hecho a mano, con oficios que en gran parte de Europa han desaparecido. Orfebrería religiosa –cálices, copones, sagrarios, incensarios…–, trabajados con técnicas como la forja en frío, el cincelado, el repujado y los esmaltes al fuego. Escultura en madera con policromía, dorado al agua y estofado. Pintura religiosa sobre lienzo, tabla y al fresco. Ornamentos textiles con bordado a mano en seda, oro entrefino y técnicas de realce que se remontan al bordado erudito español de los siglos XVI y XVII. Y restauración y conservación de patrimonio histórico-artístico, un área en la que son uno de los referentes en España, trabajando tanto para instituciones públicas como para colecciones privadas.
Son proveedor acreditado de la Amministrazione del Patrimonio della Sede Apostolica, es decir, del Vaticano. Su archivo conserva más de setenta mil unidades documentales, lo que los convierte también en una fuente académica de primer orden para el estudio del arte sacro español. En 1997, por voluntad de la propia empresa, nació la Fundación Félix Granda, entidad sin ánimo de lucro dedicada a la promoción y defensa del patrimonio artístico y cultural, con especial atención al arte sacro.



Obras de Talleres Granda en distintas sedes de Casa Decor
En la edición de 2024, Casa Decor se instaló en el Palacio de la Trinidad, una construcción de 1928, encargada por Ángeles Gutiérrez Suárez y diseñada por el arquitecto Luis Alemany en estilo regionalista tardío con clara inspiración sevillana. El palacio incluye, entre sus espacios, un oratorio privado dedicado al Jesús del Gran Poder y a las Santas Justa y Rufina, donde se encuentran las piezas de Granda.
En 2026, la 61ª edición de Casa Decor eligió como sede la Casa Palacio del Marqués de los Vélez y Conde de Niebla, un edificio construido entre 1892 y 1895 en pleno Barrio de las Letras, a escasos pasos del Paseo del Prado. En 1926, al morir los marqueses sin descendencia, el palacio pasó a manos de la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, que lo adaptaron como escuela-convento y levantaron una capilla en las antiguas cocheras. Esa capilla conserva una decoración rica en referencias al renacimiento plateresco y guiños mozárabes, con figuras religiosas de claro sabor medieval.


