Las vidrieras de la Casa Maumejean en los edificios de Casa Decor

Visitar Casa Decor es una oportunidad para descubrir edificios históricos que guardan auténticas joyas artesanales. Más allá de los espacios intervenidos para la ocasión, muchos de estos inmuebles conservan molduras, escaleras monumentales, rejerías, pavimentos originales… y, en varios casos, espectaculares vidrieras firmadas por la Casa Maumejean.
Durante décadas, esta empresa fue una de las grandes referencias europeas en el arte de la vidriera, responsable de decorar palacios, edificios institucionales, hoteles, iglesias y residencias privadas con piezas que hoy mantienen intacta su fuerza estética. Sus obras han aparecido en algunas de las sedes de la Exposición, lo que invita a profundizar en la historia de una familia que elevó el vidrio a disciplina artística.

Una historia que comenzó en el sur de Francia
La historia de la Casa Maumejean arranca en 1860, cuando Jules Pierre Maumejean, con apenas 23 años, abrió su primer taller en la ciudad francesa de Pau. Un anuncio de este primer taller rezaba así: «Manufractura de vidrieras para iglesias y oratorios. Suministro de cuadros de lienzo, de estandartes. Ejecución de pinturas murales. Instalación de toldos de lienzo y tela para apartamentos, que reemplazan ventajosamente a las persianas«. Procedía de una familia de artesanos –su padre y su abuelo materno eran pintores de loza–, de modo que el oficio formaba parte de su vida desde muy joven.
Los primeros trabajos del taller estaban dirigidos principalmente a iglesias y oratorios, aunque muy pronto ampliaron su actividad con pinturas murales y otras artes decorativas. La calidad de sus encargos hizo que el nombre de Maumejean comenzara a ganar prestigio mucho más allá del ámbito local.

Una saga familiar que convirtió el oficio en un legado
Jules Pierre Maumejean no solo creó un taller de vidrieras; también dio origen a una saga familiar que mantendría vivo el oficio durante tres generaciones. Junto a su esposa, Marie Honorine Lalanne, tuvo cinco hijos, de los que Joseph, Henri, Léon y Charles siguieron sus pasos y se formaron desde muy jóvenes como pintores sobre vidrio. Mientras Léon desarrolló su carrera de forma independiente en París, sus tres hermanos trabajaron conjuntamente para impulsar el crecimiento de la empresa y ampliar su actividad dentro y fuera de Francia.
A finales del siglo XIX, los talleres Maumejean ya habían dejado atrás su dimensión local. A la sede original de Pau se sumaron nuevos establecimientos en Anglet y, poco después, en Biarritz. Desde ellos realizaron vidrieras para iglesias, edificios públicos y residencias particulares, entre las que destacan las de la catedral de Bayona o el Ayuntamiento de Biarritz. Fue también en esos años cuando Jules Maumejean estrechó su relación con España gracias a los contactos que estableció en Madrid, donde acabaría siendo nombrado pintor vidriero oficial de la Casa Real de Alfonso XII.
El relevo en nuestro país lo tomó su hijo Joseph, conocido aquí como José Maumejean. Sus frecuentes viajes a Madrid le permitieron consolidar una amplia cartera de clientes y, tras casarse con Augustine Jeanne Pastora Vic, abrir en 1898 un nuevo taller en la calle Abascal. El crecimiento de la actividad hizo que pocos años después las instalaciones se trasladaran al Paseo de la Castellana, desde donde se coordinaron algunos de los proyectos más importantes de la firma. José heredó además el vínculo con la monarquía, convirtiéndose en proveedor de la Casa Real de Alfonso XIII.
La expansión continuó con la apertura de delegaciones en Barcelona y San Sebastián, mientras en París se creaba un nuevo taller especializado en mosaicos y esmaltes venecianos. Poco después se inauguró otro establecimiento en Hendaya, que alcanzó un notable éxito comercial. Agrupados bajo la sociedad Maumejean Hermanos, estos talleres permitieron atender encargos no solo en Francia y España, sino también en el resto de Europa, África, Asia y América.
La Segunda Guerra Mundial marcó el inicio del declive de la empresa familiar. Joseph siguió al frente del taller de Madrid hasta 1941 e incluso intentó abrir un nuevo establecimiento en Marruecos, aunque su avanzada edad impidió que el proyecto llegara a materializarse. Con el fallecimiento de Henri en 1932, Joseph en 1952, Charles en 1957 y, finalmente, Georges Maumejean en 1970, se fue cerrando una de las sagas de maestros vidrieros más importantes del siglo XX, después de décadas participando en grandes exposiciones nacionales e internacionales y dejando su huella en miles de obras.
Lejos de desaparecer, la historia de la empresa continúa en la actualidad desde Alcalá de Henares, donde la Sociedad Maumejean de Vidrieras Artísticas mantiene vivo este oficio artesanal, dedicado tanto a la creación de nuevas vidrieras como a la restauración y conservación de un patrimonio que forma parte de la historia de la arquitectura.

Mucho más que iglesias
Aunque las vidrieras religiosas forman parte esencial de su trayectoria, limitar el trabajo de Maumejean a ese ámbito sería quedarse muy corto. Sus talleres participaron en proyectos tan destacados como las catedrales de Burgos, Sevilla, Vitoria o Pamplona, pero también dejaron su sello en edificios civiles de enorme relevancia.
Entre sus obras figuran el lucernario del Banco de España, las vidrieras del Hotel Palace, el Casino de Madrid, el Hospital de Maudes, el antiguo Ayuntamiento de la Plaza de la Villa, la iglesia de Santa Cruz o la histórica sede del diario ABC en la calle Serrano. Un repertorio que demuestra la confianza que arquitectos e instituciones depositaban en la firma cuando buscaban piezas capaces de combinar excelencia técnica, riqueza ornamental y una extraordinaria capacidad para transformar la luz.
La calidad de sus trabajos fue reconocida desde muy temprano. La Casa Maumejean obtuvo numerosos premios y reconocimientos internacionales, entre ellos la Legión de Honor de París, varias Medallas de Oro en exposiciones celebradas en Filadelfia, Milán, Madrid o Pamplona, además de grandes premios en las exposiciones de Sevilla y Barcelona de finales de los años veinte.


Las vidrieras de la Casa de Tomás Allende
La primera aparición de las vidrieras de la Casa Maumejean en Casa Decor tuvo lugar en 2021, cuando la exposición abrió sus puertas en la Casa de Tomás Allende, uno de los edificios más singulares de la Plaza de Canalejas. Más allá de su imponente arquitectura, el inmueble conservaba un extraordinario conjunto de vidrieras emplomadas que, más de un siglo después de su creación, seguían aportando carácter a cada estancia.
Las más llamativas aparecían en las puertas de los balcones, decoradas con escudos heráldicos en la parte superior. Sin embargo, las piezas más delicadas se encontraban en las puertas interiores de la quinta planta, donde un refinado trabajo de emplomado dibujaba composiciones presididas por un medallón central rodeado por una elaborada orla.
El recorrido por el edificio también permitía detenerse en la caja de escaleras, donde en cada rellano se repetía un elaborado emblema heráldico con corona imperial, águila bicéfala y el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro, acompañado por los escudos de los distintos reinos que formaron parte de la monarquía hispánica.



En el Palacio de la Trinidad
Tres años después, Casa Decor regresó a otro edificio donde la firma francesa había dejado una huella imborrable: el Palacio de La Trinidad. Construido en 1928 por el arquitecto Luis Alemany Soler como residencia de Ángeles Gutiérrez Suárez, este elegante palacete regionalista conserva buena parte de la riqueza decorativa con la que fue concebido, desde sus mármoles y trabajos escultóricos hasta una impresionante colección de elementos artesanales.
Nada más cruzar el acceso, el visitante se encontraba con un amplio vestíbulo de doble altura presidido por una gran escalera de mármol. En el tramo principal sobresale una vidriera policromada realizada por la Casa Maumejean, donde el escudo familiar se convierte en protagonista de la composición. Sobre el hall, un magnífico lucernario de hierro y cristal, también firmado por los históricos talleres, baña el espacio con una luz cambiante que realza la arquitectura del edificio y convierte la escalera en uno de sus rincones más memorables.
Son precisamente este tipo de intervenciones las que explican el enorme prestigio que alcanzó la empresa. Sus vidrieras no se concebían como un simple elemento decorativo, sino como una parte esencial del proyecto arquitectónico, pensadas para transformar la percepción del espacio a través de la luz y del color.

Las creaciones de la Casa Maumejean en Casa Decor 2026
La antigua casa palacio del Marqués de los Vélez y Conde de Niebla fue la sede de Casa Decor 2026. Construida entre 1892 y 1895 por el arquitecto Enrique Sánchez y Rodríguez como residencia de una de las familias nobiliarias más influyentes de la época, también conserva vidrieras de la Casa Maumejean.
Una de ellas, sobre la que destaca el escudo familiar, decora el tramo principal de la monumental escalera que preside el vestíbulo. La otra se encuentra en lo que fue la capilla del convento. Cuando el palacio pasó a manos de la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, en 1926, el arquitecto Joaquín Sainz de los Terreros dirigió una importante remodelación que transformó las antiguas cocheras en una capilla. Para iluminar este recinto, de planta rectangular y con escasas ventanas al exterior, se instaló un espectacular lucernario de cristal que todavía hoy sigue siendo uno de sus elementos más llamativos.
Fotos Casa Decor: Nacho Uribesalazar



